Empecemos por el principio: me gusta mucho escribir y a escribir es a lo que principalmente me dedico. El qué, el cómo y el porqué es lo que me gustaría ir explicando en este blog que hoy empieza a andar. Mi objetivo es contarte cómo he llegado hasta aquí para luego hablarte de muchas cosas que me interesan acerca de ti, de mí, del trabajo y de la vida en general. Así pues, comencemos:

El qué (o la decisión):

Siempre he sido una persona muy cuadrada. Por educación o por genética, me ha costado mucho salir de lo preestablecido. No obstante, creo que soy una persona a quien le encanta lo diferente, lo espontáneo, lo que está fuera de lo común, pero pocas veces me he permitido a mí misma traspasar ciertas fronteras. Puedes imaginarte, entonces, la rebelión interna que sentí cuando al empezar el dos mil diecinueve decidí cambiar radicalmente la ruta de mi viaje.

Resulta curioso porque coincidieron en el tiempo un cambio de trabajo, un cambio de rutina y un cambio de casa y, con todo, surgieron muchas emociones nuevas que gestionar. Por lo que al trabajo se refiere, empecé a indagar en mi interior, a rascar en lo que me gusta, a repasar lo que se me da bien, a desempolvar lo que nunca debí dejar a un lado.

Y las cosas surgieron y las dejé brotar.

Tenía miedos, claro, pero sabía que el riesgo era mínimo porque en el fondo mi cabeza cuadrada tenía algunos hilos bien atados. Otros, en cambio, eran cabos sueltos que cogí, armándome de valor, y traté de llevar a buen puerto.

El cómo (o la inmersión):

Como decía, siempre me ha gustado muchísimo escribir y a comienzos de dos mil diecinueve retomé la escritura personal, pero también me formé en escritura profesional para empresas y redes sociales y recuperé mis apuntes sobre corrección de textos. Leí muchísimo sobre temas que conocía poco y otros que desconocía por completo. Entendí que no podía dedicarme en un principio solamente a cosas que me apasionasen, que tendría que combinar diferentes encargos y trabajos, pero me comprometí conmigo misma a hacerlo con tenacidad.

A cabezota me gana poca gente.

Me lancé a llamar a las puertas y unas se abrieron, otras se entreabrieron y en otras nadie respondió. Alguna vez llamaron por sorpresa a mi timbre y otras por equivocación, pero de cada timbrazo he ido aprendiendo durante todo este año. Emocionalmente algunas veces me ha costado centrarme. No tener una estabilidad económica y horaria en ocasiones me ha gustado (bendita adrenalina) y en otras me ha espantado muchísimo. Sin embargo (y por suerte) ninguna de las dos cosas me ha paralizado.

He ido aprendiendo de los aciertos y sobre todo de los errores y he visto lo que quiero para mí, lo que no va conmigo, lo que me gusta y lo que es mejor tener lejos. Pero sobre todo he aprendido de la soledad. Sí, he aprendido a estar sola ante un ordenador muchas horas. A conducir sola hacia y desde una reunión que no iba a ninguna parte.

Sola en el silencio del buzón al que no llega el correo que deseas y del teléfono que no suena. Entre tanta soledad me he escuchado mucho a mí misma y, al final, quizá sea este el mayor logro que haya conseguido porque ¿acaso me había parado a escucharme alguna vez? Claro que me he tenido en cuenta muchas veces en mi vida: cuando decidí qué iba a estudiar o dónde iba a vivir elegí por mí misma, pero hablo de un escucharse mucho más profundo.

Algo que llega desde mucho más adentro y suena de forma mucho más sutil.

Jamás he querido ser algo concreto en la vida. Nunca quise ser profesora, ni peluquera, ni mecánico, ni jardinera. De pequeña solía decir que sería periodista porque me fascinaba la gente que iba a contar las guerras, pero esta es otra historia. Fui a principios del año pasado cuando lo vi un poco más claro: lo que yo quiero es ser yo misma. Es decir, quiero ser alguien que no puede decidir qué quiere ser porque ya es, porque ya se está haciendo a sí misma. Yo no soy ni seré jamás mi profesión.

Tengo una profesión y además, por suerte, esta me gusta.

Estoy muy orgullosa de mi misma por haber llegado hasta aquí y sé que llegarán otras cosas, dentro o fuera del proyecto de Aina Coll Comunica. Y entonces volveré a escucharme, volver a dejarme hablar y si hace falta volveré a modificar la ruta de mi viaje porque el mapa que sigo se escribe, nunca mejor dicho, desde mi pluma.

Este es solo el comienzo de una historia que sigue narrándose. Me gustará contarte qué pasa después del qué y el cómo, que podría llamarse qué pasó (o el desembarco) y qué hago (o el camino), pero esto será en la próxima ocasión.